El Juglar del Son: Se despidió entre lágrimas, bendiciones y música, pero el son jarocho siguió vivo en Tlalixcoyan

Written by Reynaldo Mena — August 25, 2026
ywAAAAAAQABAAACAUwAOw==

“Esto es muy especial para mí. Disfruto mucho que mi hija Sofía me acompañe y participe en las actividades. Verla crecer a mi lado es un gran regalo de la vida.”

Los niños lo esperan cada año, al llegar el mes de agosto, saben que César Castro llegará de las tierras del norte a su comunidad, en donde, hace cinco años, comenzó un programa de promoción cultural para fomentar las raíces musicales de Tlalixcoyan y abrir un espacio cultural a los menores en esta época importante del verano.

No solamente saca la jarana, no solamente los reta en ejercicios de ‘versada’, sino que también comparte esos momentos en el parque en donde, jugando futbol, se refuerza la importancia de los migrantes que regresan a ‘su casa’ y funden un puente entre las comunidades de origen y las que viven en otros lados del mundo.

“Es muy importante, hay muchas maneras de contribuir, si se tiene la oportunidad, hay que regresar a las comunidades para compartir eso que hemos construido. En mi caso, este proyecto nació como un homenaje a la tierra de mis padres, y se convirtió en un proyecto cultural que busca revivir las raíces del son jarocho en estas tierras. Son cinco años, cada año se presentan nuevas dificultades, pero salimos adelante. Me da un gusto enorme ver cómo la gente ha adoptado este proyecto y la manera en que los niños siguen progresando”, dice César Castro, conocido como Jarochelo en sus diferentes proyectos.

ywAAAAAAQABAAACAUwAOw==

Los niños lo esperan cada año cuando llega agosto. Saben que César Castro regresará del Norte a su comunidad, donde hace cinco años inició un programa de promoción cultural diseñado para fortalecer las raíces musicales de Tlalixcoyan.

El también director del grupo de son jarocho Cambalache lo toma como un compromiso personal. “No lo cambio por nada, cada año del 1 al 17 de agosto, mi compromiso está en esta comunidad, no hay espacio para más”, dice.

Resulta fácil decirlo, pero no es nada sencillo comprometerse.

Jarochelo es un conocido promotor cultural del son jarocho en las comunidades latinas, principalmente del East de Los Ángeles. Además de elaborar jaranas, organizar eventos, dar clases en centros comunitarios, en prisiones, conciertos y recientemente, ofrecer su sistema de sonido en diferentes eventos y tantas cosas más, reafirma su compromiso con la comunidad, con la difusión de la música de su tierra.

César Castro es un veracruzano nato, de palabra fácil, amistosa, de risa amigable, y está siempre dispuesto para ayudar en lo que pueda. Le ha dolido lo que ha pasado en la comunidad de Boyle Heights, en donde ha trabajado tanto tiempo y tiene muchísimos amigos. “Creo que para nosotros, los músicos, los promotores musicales, Boyle Heights es una parte fundamental en nuestra vida. Todos, los que hacemos esto, hemos pasado por aquí, duele ver lo que ha pasado”.

ywAAAAAAQABAAACAUwAOw==

La organización del taller en Tlalixcoyan de este año ha sido difícil, pero a la vez, ha contado con más ayuda. Siempre tiene el apoyo de Ricardo Santiago, co-fundador y coordinador del evento; el equipo docente, con la maestra Ana Zarina, en las clases de ‘versada’; Jhosmar Zamudio, en las clases de requinto; Miguel Segarra, en canto; Samir Azamar, percusión; la maestra Luisa Hernández y Doña Alicia Hermida, en la presentación gastronómica; y los voluntarios Bety Delgado, Xocoyotzin y Apatzingán Santiago Delgado, Johana Delgado, Juan Ramón Arenas, Rosita Rodríguez, Martha González, Cointa Castro y Doña Irene Uscanga Valencia.

“Es muy importante reconocer a todos ellos y a las familias que han contribuido. Mira, esto se ha convertido en un gran esfuerzo colectivo, realmente comunitario y, con esto, es difícil que no tengamos un resultado positivo. Las semanas que estamos allá hemos construido una comunidad, la gente lo espera, lo disfruta, cada año agregamos más actividades. Esto es especial para mí. Disfruto mucho que mi hija Sofía me acompañe, que participe en las actividades, verla crecer junto a mí es un gran regalo de la vida. Por las noches, con el cafecito y el panecito, platicamos de los niños que han mejorado, que han perdido la vergüenza, que ahora se animan a ‘versar’, que ya bailan más, que son más diestros bailando… Es tan especial”, agrega.

Jarochelo tiene una amplia experiencia como maestro, desde un inicio, es fácil para él poder detectar el talento de los niños, ver cómo progresan y reconocer cuándo han conseguido resultados importantes.

ywAAAAAAQABAAACAUwAOw==

La clase de versada “Jugando con la Rima”.

“Hay dos niños, dos hermanos, Elio y Altair Domínguez, que me sorprendieron este año. Tenían un gran talento para su ‘versada’, ellos y otros se podían poner al tú por tú con los maestros, esos son avances importantes. Una de las niñas, que vieras cómo tocaba la jarana, increíble. Hace cinco años todo eso les era ajeno, ahora son parte de su vida”, agrega.

Para César el ser migrante tiene otro significado, otro compromiso.

“Si eres migrante, te vas a cansar de ir a estorbar o ir a resorts. Es fundamental dar algo a las comunidades que dejamos atrás. La pregunta, ‘¿cómo puedo contribuir?’, siempre tiene que ser respondida. Dar ese intercambio le da sentido a tu sitio como migrante. Ser migrante es también ser parte de la raíz, de ir y pagar un abono a tu tierra”, dice.

ywAAAAAAQABAAACAUwAOw==

El final del curso siempre es emotivo. Las experiencias, la interacción, se quedan atrás, pero quedan los recuerdos, los sonidos, las risas, las bromas, los instrumentos, ese ambiente que impregna la comunidad en esos días.

“Yo creo que nada da más alegría cuando al final los niños empiezan a tocar y los maestros nos vemos y decimos: ‘¡Sí suena! ¡Ya suenan!’ Están más desenvueltos, más desinhibidos, están más impulsados a demostrar su talento”, comparte excitado.

Jarochelo es un ‘Juglar’ de la época moderna, uno se lo imagina caminando, de espaldas, recorriendo esos caminos terregosos, con la cabeza erguida, con la sonrisa en su rostro. Sueña, sueña caminando, sueña tocando, sueña despierto, sueña dormido, y ahora comparte sus sueños con esta comunidad. Este ‘Juglar’ no piensa en él, y el egoísmo no es parte de su lenguaje.

“Sueño con que esta comunidad sea un referente musical. Sueño con que tengan maestros de música. Mi sueño está en la educación, en su formación. El día de la sesión final hay muchas emociones encontradas: una niña lloró tanto que tuvo que salirse, lloraba con dolor ancestral. Una ‘viejita’ me dio una bendición como nunca antes la había recibido. Y son cosas que quedan. Como quedará el recuerdo de cuando mi hija y yo estábamos en el avión de regreso, lloramos, no nos contuvimos, ‘terminó’, le dije”, agrega.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

EnglishEspañol