De Monaguillo en Colima a Sacerdote en Los Ángeles: la Fe que Salió a Buscar a los Suyos

Written by Reynaldo Mena — August 2, 2026

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Para el padre Juan César Martínez, servir a la comunidad migrante es un servicio que Dios le ha otorgado, le ha permitido ayudar y servir a aquellos que buscan a través de su fe un poco de paz ante las dificultades de migrar y la situación hostil que viven en esta administración.

“Estamos viviendo un renacimiento espiritual, cada vez más, las personas han vuelto a acercarse a la Iglesia o lo hacen por primera vez. Cuando la comunidad migrante ve a un sacerdote oficiando la misa, los sacramentos, sienten gran orgullo, sienten a su tierra cerca de ellos”, dice el sacerdote mexicano originario de Tepames, Colima.

“Ser migrante no es fácil; son muchas las dificultades que enfrentamos. Estar unidos, reconocernos como tales, nos permite sobrevivir a esa situación”, agrega.

Este padre creció bajo una fuerte educación católica, inyectada principalmente por sus abuelos. Desde los ocho años fue monaguillo, el atrio de la parroquia fue su espacio social y de juegos, ahí empezó todo, como él lo llama.

“La cercanía con los sacerdotes de Tepames fue una inspiración, desde niño, los habitantes del pueblo me decían que podía ser un buen sacerdote. Comencé a entender esta misión acompañándolos, ayudábamos a los pobres, los enfermos, los que necesitaban comida, ahí supe que somos un instrumento de Dios”, agrega.

Cuando terminó la preparatoria, decidió ingresar al seminario de Colima, aunque le gustaba mucho la tecnología y la computación. Lo consideró una pausa. Después, obtuvo una licenciatura en Ciencias de la Computación y trabajó durante dos años como maestro de primaria en México.

“También vendí autos, para pagar mis estudios. Sin embargo, aunque sintiera una gran atracción por esas áreas, me sentía vacío; no estaba satisfecho; me preguntaba si ser maestro me hacía feliz. Fui a ver a uno de mis mentores, el sacerdote en mi pueblo. Después de plantearle todas mis inquietudes, me dijo algo simple y profundo que cambió mi vida: ‘estás recibiendo un llamado de Dios’. Le pedí señales a Dios y me las dio, tuve una experiencia religiosa. Una noche, cuando terminé de orar, me imaginaba que celebraba una misa, sentía un fuego muy intenso en mi corazón y experimenté la felicidad, ahí tenía la respuesta.” El sacerdote le comentó sobre las oportunidades en California para los sacerdotes bilingües y decidió trasladarse a este país y reingresar a un seminario.

Fue ordenado sacerdote el 4 de junio de 2022 por el arzobispo José H. Gómez para la Arquidiócesis de Los Ángeles. Su primer destino pastoral fue la parroquia St. Mariana de Paredes en Pico Rivera.

En julio de 2023 fue nombrado vicario parroquial de St. Rose of Lima Catholic Church, donde continúa desarrollando su ministerio pastoral.

Y ahora es vicario asociado en la iglesia San Antonio de Padua en Gardena.

El Padre Papucho y su conexión con la comunidad migrante

“Me encanta la Arquidiócesis de Los Ángeles, me encanta su multiculturalidad, gente de todo el mundo; representa lo que somos. Venir a California me conectó con mucha gente que no había visto en muchos años, los había conocido cuando yo era un niño, ellos habían migrado y, ahora, los reencontraba nuevamente en Los Ángeles. Me ven, se acercan y me señalan diciendo: ‘mira, ahí está el Papucho’, ríe.

El padre Juan César menciona que con ese apodo es conocido por la comunidad colimense, desde niño. Un amigo dijo un día, ‘tráete al papucho’ y desde ahí se le quedó. Ahora, muchos le llaman el Padre Papucho, lo que da a entender el nivel de familiaridad con el que lo toman.

“Imagínate, ver a muchos después de tantos años, me veían como monaguillo y ahora como su sacerdote. Me piden consejos, les doy sus sacramentos, hablo con ellos. Ese niño y joven que creció en Tepames ya está aquí con ellos en Los Ángeles, como un migrante que los acompaña”, agrega.

Para este sacerdote está clara una frase: “Cuando Dios llama, llama”. Para él, esa fue la lección que aprendió. Decidió dedicar el resto de su vida a Dios, con todo lo que conlleva. “Uno hace los votos de permanecer fiel a ese ordenamiento; si eliges algo, tienes que estar convencido de que lo haces por amor.”

Este es un ejemplo que deja para su comunidad. Menciona que cuando llegó la pandemia, muchos fieles se alejaron de la iglesia y no habían regresado en años, ahora están viviendo ese despertar, colaborando con la comunidad en la situación de los jóvenes, los problemas con las adicciones.

“Hay mucha necesidad de Dios; muchos creen que con solo ir a misa una vez a la semana es suficiente. Yo les digo que si aman a Dios, tienen que cumplir con los sacramentos, no verlo y sentirlo solo por un tiempo, un domingo. Tenemos que educarnos en la fe. Esto es responsabilidad de los padres de familia. Muchas veces los hijos preguntan por las razones que deben de ir a la iglesia, los padres se quedan callados, hay que decirles cómo nos ha ayudado la fe en Dios, ir a misa, estar con él. Yo lo veo todo el tiempo. Los sacerdotes no somos todólogos; no podemos arreglar todos los problemas. Muchas veces abruma la cantidad de problemas que vemos, pero es parte del trabajo. Si escuchamos y oramos con ellos y les damos la bendición, hemos cumplido con nuestra misión”, agrega.

Cuando alguien se acerca al padre para preguntarle la manera de que Dios los escuche, este sacerdote les da un consejo práctico: “Para estar cerca de Dios hay que cumplir con los sacramentos”.

¿Dios nos ha castigado?

Cuando los fieles tienen problemas y pasan por una mala racha, piensan que Dios los ha castigado. El sacerdote Martínez entiende bien la pregunta.

“El enemigo del pueblo es Satanás. Tenemos que tener mucho cuidado cuando llega el Diablo a nuestras vidas. Hace unas semanas usé una parábola en la eucaristía, la de la cizaña y el trigo”, dice.

La parábola de la cizaña y el trigo (Mateo 13:24–30) narra cómo un agricultor descubre que un enemigo sembró cizaña entre el trigo. Aunque sus siervos quieren arrancarla de inmediato, el dueño les ordena dejar que ambas plantas crezcan juntas hasta la cosecha, para no dañar también el trigo. Más adelante, Jesús explica que el trigo representa a los justos, la cizaña a quienes obran el mal y la cosecha al juicio final, enseñando que el bien y el mal coexistirán por un tiempo y que la separación definitiva corresponde a Dios, no a los seres humanos.

“Tenemos que tener gratitud con Dios, servir en un país que no es el nuestro, servir al pueblo. Estar en este país no es fácil, se sacrifica mucho. Por eso, nuestra comunidad cada año celebra los servicios de los Hermanos Ausentes, para honrarlos, recordarlos y tenerlos presentes. Hay muchos migrantes que no pueden regresar ni para enterrar a sus familiares”, finaliza diciendo.

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