“Yo solo me enfermé levemente, y mi socio —mi hijo, Gonzalo Farías Jr.— y yo mantuvimos la empresa en funcionamiento en tiempos difíciles.”
No es solo el calor abrasador lo que obliga a los jardineros a buscar agua constantemente mientras las altas temperaturas agotan sus energías. También está la economía, ya que una industria impulsada en gran medida por trabajadores indocumentados ha sido golpeada por la incertidumbre financiera. Y luego está el ICE, la agencia federal de inmigración, cuyas operaciones han sembrado el miedo en las comunidades, especialmente en Los Ángeles.
Los jardineros representan una de las fuerzas laborales que trabajan al aire libre más grandes y visibles de Los Ángeles. Sobrevivieron a la pandemia de COVID-19 y ahora enfrentan los desafíos del segundo mandato del presidente Donald Trump, marcado por un endurecimiento de las medidas migratorias dirigidas a las comunidades inmigrantes.
“Los inmigrantes somos resilientes. Aguantamos todo”, dice Gonzalo Farías, propietario de Farías Landscape, empresa que fundó en 2016. “Durante la pandemia seguimos trabajando porque éramos trabajadores esenciales. Ahora, con la crisis económica y las políticas contra los inmigrantes, seguimos en las calles. Hemos sido de los más golpeados, expuestos a todo.”
Una vida con raíces en la tierra
Farías proviene de un pueblo agrícola. Nació en Los Tepames, Colima, México, y su conexión con la agricultura y la naturaleza lo ha acompañado desde la infancia.
“Simplemente es parte de quienes somos. Si vemos plantas secas en algún lugar, buscamos agua y las cuidamos. No las vemos como algo separado de nosotros. El trabajo duro y el amor por la naturaleza forman parte de nuestra vida. Ayudamos a Dios a embellecer el mundo.”
A pesar de los desafíos actuales, Farías dice que tiene pocos motivos para quejarse. La industria de la jardinería se ha mantenido estable para quienes están dispuestos a trabajar arduamente.
“Durante la pandemia, de hecho, el negocio creció porque nuestros clientes nos recomendaban con otras personas”, explica. “Solo me enfermé levemente, y mi socio, que también es mi hijo, Gonzalo Farías Jr., y yo mantuvimos la empresa en funcionamiento durante esos tiempos difíciles.”
Hoy, la aplicación de las leyes migratorias forma parte de su realidad cotidiana.
“Con Trump de nuevo en la presidencia, somos cuidadosos cada vez que salimos a trabajar. Tenemos documentos migratorios legales, así que no nos preocupamos tanto, pero aun así estamos pendientes de dónde está operando ICE. Ya sabes cómo es esto: llegan, y no siempre importa si tienes papeles o no. Primero arrestan y después averiguan.”
Reconoce que muchos jardineros han desaparecido porque los trabajadores fueron deportados o tienen demasiado miedo de salir.
“Es duro decirlo, pero muchos jardineros han sido deportados o dejaron de trabajar. Eso, de hecho, nos ha traído más trabajo. Los clientes nos llaman para decirnos que las personas que antes cuidaban sus jardines fueron detenidas por las autoridades migratorias, así que nosotros nos hacemos cargo.”
De trabajador a empresario
Farías llegó a Los Ángeles en 1990, como muchos inmigrantes que buscaban un futuro mejor. Su tío tenía un grupo de jardinería, lo que le dio su primera oportunidad en la industria. Su experiencia agrícola en México le permitió convertirse rápidamente en un trabajador capacitado.
Después de establecerse legalmente en Estados Unidos, cumplió un sueño de toda la vida al fundar su propia empresa junto con su hijo. Hoy espera expandir Farías Landscape y obtener contratos con agencias gubernamentales y empresas privadas.
“Siempre soñé con tener mi propio negocio”, afirma. “Nunca le he tenido miedo al trabajo duro. El paisajismo nos ha tratado bien, pero no es lo único que hacemos. Mi esposa y yo también ofrecemos servicio de taquizas para bodas, quinceañeras y celebraciones familiares. Normalmente hacemos uno o dos eventos al mes, y ese ingreso adicional nos ayuda.”
“Ayudamos a Dios a embellecer el mundo”
Para Farías, el paisajismo es mucho más que cortar el césped; es una profesión que requiere preparación, habilidades y aprendizaje constante.
“Hay que amar lo que uno hace. Como vengo de una familia de agricultores, siento de manera natural ese cariño por las plantas y la naturaleza. Pero este negocio no es fácil ni barato. El combustible cuesta más, las refacciones para el equipo cuestan más; todo ha subido. Mucha gente cree que los jardineros solo cortan el césped, hacen los bordes y soplan los recortes. Un jardinero profesional hace mucho más que eso.”
También es un firme defensor de los paisajes naturales y rechaza proyectos que sustituyen áreas verdes vivas por alternativas artificiales, incluso cuando representan buenas ganancias.
“Mucha gente me pide instalar pasto o jardines artificiales, y rechazo esos trabajos, aunque sean rentables. Creo en proteger la naturaleza.”
Actualmente, alrededor del 90 % de su trabajo es residencial y presta servicios en comunidades como Whittier, Pasadena, Pico Rivera y zonas cercanas.
Adaptarse al calor, la inflación y los cambios
Farías afirma que la capacidad de adaptación se ha vuelto indispensable, no solo por el aumento de las temperaturas, sino también por la inflación.
“Nuestros clientes han tenido que ajustar sus presupuestos para seguir trabajando con nosotros. Como nuestros costos han aumentado, también hemos tenido que subir nuestros precios. La mayoría lo entiende. Si no pueden pagarlo de inmediato, negociamos. Tenemos que ser sensibles a su situación.”
El calor extremo es simplemente otro reto que los paisajistas han aprendido a manejar.
“Estamos capacitados para reconocer y prevenir enfermedades relacionadas con el calor. Con el tiempo, el cuerpo se adapta. Aprendes cuándo descansar, permanecer en la sombra y tomar mucha agua.”
Aunque reconoce las dificultades que enfrentan muchos inmigrantes, señala que los oficios al aire libre se han mantenido relativamente activos.
“La situación es difícil, pero algunos oficios se han beneficiado. Los trabajadores de mantenimiento tienen mucho trabajo; la construcción también está muy activa, y el trabajo al aire libre en general se ha mantenido estable. ICE ha sido más selectivo en sus operativos, y eso ha marcado una diferencia.”
Retribuyendo a la comunidad colimense
Más allá de su empresa, Farías mantiene un fuerte vínculo con su lugar de origen y con la comunidad colimense del sur de California. Participa activamente en organizaciones que representan a las personas originarias de Colima y ayuda a organizar celebraciones culturales anuales tanto en México como en Los Ángeles.
“Ya me estoy acercando al retiro”, dice con una sonrisa. “Pero Colima sigue corriendo por mis venas. Vamos a seguir promoviendo lo mejor para nuestra comunidad.”








